La historia de la camisa

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Sin duda, entre las prendas de vestir, una de las piezas más antiguas es la camisa. Si bien en la actualidad es una de las prendas indispensables en el armario de cualquier hombre o mujer, no siempre fue así.  

Como antecedente de la camisa blanca encontramos tanto en los egipcios (una prenda tipo camisón blanco) como en los romanos (una prenda que se llevaba pegada a la piel) una prenda que iba debajo de la ropa. En el siglo XVIII hombres y mujeres la camisa blanca era un símbolo de posición social, riqueza, seguridad y elegancia. La razón atribuida es que sólo la gente de dinero podía permitirse el lujo de tener sus prendas lavadas, limpias. La camisa blanca fue considerada “símbolo de la elegancia”, ya que se consideraba que solo los ricos eran el único grupo social que podía permitirse una de estas prendas ya que necesitaba ser lavada y planchada a diario. 

La camisa como hoy la conocemos apareció en el siglo XIX en Inglaterra. En 1871, apareció la primera camisa de vestir abotonada y de ahí vinieron los mejores tiempos para esta increíble prenda.   Con el tiempo, aparecieron más adaptaciones a la camisa blanca, convirtiéndose en un símbolo de modernidad y democracia. Hablar hoy de una camisa blanca, es referirse a una prenda, símbolo de igualdad, de trabajo o responsabilidad corporativa. 

Con el tiempo fueron apareciendo camisas con colores más oscuros o diferentes patrones. La camisa empezó a ser vista como un lienzo en blanco con un sinfín de posibilidades: texturas, colores, estampados, cortes, etc. Todo aquello que permitiera a la prenda tener la personalidad del portador. 

La camisa como hoy la conocemos data de principios del siglo XX y ha evolucionado poco. Sigue siendo una prenda de vestir clásica, cuyas variantes pueden ser el tamaño de los cuellos, puños o corte dependiendo de las modas que impongan los diseñadores. 

Una camisa de calidad se reconoce por el tipo de costura (puntada recta, ojales y botones), por la calidad de su tela y por los detalles en cuello, mangas y puños.  

Con el paso del tiempo, la camisa blanca se convirtió en una de esas prendas que ignora las reglas de género, es una prenda universal que rompe con todos los estereotipos. La camisa se convirtió en un icono de la emancipación de la mujer, cuando trabajar fue algo común y obligó tener en el guardarropa de la mujer trabajadora una blusa, que se convirtió en la contraparte femenina de la camisa masculina. 

La camisa es la prenda más importante para un hombre, es la prenda básica en cualquier guardarropa y la que más define a quien la porta. Es la prenda que ha trascendido en el tiempo y ha evolucionado con el paso de los años hasta convertirse en el ingrediente principal de cualquier outfit establecido. La camisa es una prenda tan importante que se le define como el último elemento básico de vestuario. 

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