Un repaso breve por la historia del vestido

El vestido es una prenda por excelencia que toda mujer tiene en su guardarropa. Son prácticos, versátiles, pero, sobre todo, son sinónimo de elegancia y feminidad.

Del latín vestitus, el término vestido se refiere a una prenda que se utiliza para cubrir el cuerpo (ropa, atuendo, etc.) aunque generalmente se asocia a la prenda femenina.

La vestimenta femenina ha tenido un rol protagónico en esta materia ya que nos permite ver la evolución de la cultura y el desarrollo de las civilizaciones. Egipcios, giegos, romanos, aztecas… durante siglos, hombres y mujeres compartieron vestimentas, hasta cierto punto, compartieron prendas unisex.

El vestido ha cumplido con diferentes funciones: desde proteger de las condiciones climáticas (el frío, el calor, la lluvia, etc.), cubrir las partes íntimas del cuerpo hasta la ostentación. Si algo ha caracterizado durante siglos la vestimenta femenina ha sido la  ornamentación y las formas, por encima de la comodidad.

A lo largo de la historia el vestido femenino ha evolucionado, en la prehistoria, túnicas ceñidas, en Egipto vestidos de mallas, siluetas drapeadas de líneas simples en Grecia, en la época medieval telas pesadas y ornamentadas. Durante siglos el corsé femenino representó una estructura implacable, que proyectaba una mujer limitada e inmóvil. Con la Revolución Francesa llegó también la libertad de movimiento.

A principios del Siglo XX tuvo lugar una revolución cuya intención fue dar a la mujer la libertad para vestirse para ella misma, un cambio más allá de lo estético, ya que estuvo ligado a la lucha por la igualdad femenina, vestidos por encima de las rodillas que dieron paso a la emancipación femenina.

La incursión de la mujer en el mundo laboral trajo consigo la necesidad de una vestimenta más cómoda, más práctica y funcional.

Los años 60, con cambios profundos en mentalidad y comportamiento, marcó un antes y un después en el vestir con la llegada de la minifalda.

En la década de los setenta vestidos largos que remembraban la época victoriana. Aparecen ya los vestidos de noche con escotes, telas ajustadas y con escote en la espalda. En los ochentas vestidos con transparencias y brillos. En los noventa, vestidos tipo tubo y en el año dos mil aparecen los modelos totalmente desenfadados.

Definitivamente no hemos visto todo en materia de creatividad, día a día nos sorprenden con nuevas propuestas. En la actualidad existen vestidos para toda ocasión. Hay vestidos que nos remiten a momentos inolvidables (fiestas, graduaciones, noches de conquista) y también vestidos especiales que se utilizan sólo una vez en la vida pero que tienen una gran carga simbólica. El vestido de novia, que en occidente suele ser blanco simbolizando la pureza o los vestidos de luto que son de color negro y que reflejan tristeza y dolor.

El vestido tiene un significado profundo, refleja un rol social, es un medio de expresión y comunica parte de la personalidad de quien lo porta. De modo que, un vestido siempre te hará notar, te hará sentir cómoda, siempre sentirás que estás bien vestida y, además, ahorras tiempo y dinero al vestir ya que por sí mismo el vestido es una prenda completa. Por sí solo el vestido te da el toque femenino y es un símbolo de elegancia y buen gusto.

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